22Octubre2019

21 Octubre 2019
12 Septiembre 2019 Escrito por 

Zentencias, cicutas literarias y otras ocurrencias

  • Más allá del pesimismo postilustrado: Albert Caraco
  • Por Sigifredo E. Marin

Énfasis Turístico

A todos los lectores de libros de auto-ayuda les advertimos que la lectura del presente texto puede ser funesta, así que por favor absténganse. Una vez más he releído algunas de las zentencias, cicutas literarias y otras ocurrencias del Breviario del caos de Albert Caraco, una vez más, apenas pude leer unas cuantas páginas con la respiración en vilo, y es que se trata de esos libros, como dijera Roland Barthes en El placer del texto, cuya lectura va mucho más allá de placer y nos arroja al goce extraño de lo patético. Caraco radicaliza el nihilismo de una modernidad en ruinas, sin salida y sin alternativas posibles, donde la única certidumbre inexorable es nuestra marcha hacia la muerte como una flecha que jamás falla en el blanco, aunque aquí más bien el blanco es bastante negro, diríamos opaco y fangoso: “la muerte es nuestra única certeza y siempre sabemos que vamos a morir, no importa cuándo y no importa dónde, no importa la manera. Pues la vida eterna es un sinsentido, la eternidad no es la vida, la muerte es el reposo al que aspiramos, vida y muerte están ligadas aquellos que demandan otra cosa piden lo imposible y no obtendrán más que humo como recompensa”[1]. Según el autor la vida nos es impuesta: no elegimos nacer y en el fondo nos sentimos afortunados de no sobrevivir en ninguna parte a esta vida, vida que más que un regalo bendito es una ofrenda envenenada, vida llena de sinsabores, dolores y cuyas alegrías siempre son problemáticas y erráticas. Quizá por eso hombres y mujeres en la sociedad contemporánea han aumentado el consumo de fármacos, drogas legales e ilegales, así como han aumentado las adicciones y las vacaciones, porque de alguna manera buscan  abatir y combatir la pesadumbre y la zozobra radicales de la existencia, quizá hoy lo más verdaderamente transgresor sea no enmascarar la absoluta insignificancia de una condición humana al borde de la catástrofe. Los vendedores de espejitos que ahora son bálsamos para el malestar de la cultura posmoderna saben que el mayor anhelo humano es no terminar siendo cenizas ni tampoco humo. Tecnociencias, sociedad del espectáculo y culturas psi o new age son diversas estrategias con un mismo fin de darle un poco de sentido la miserable condición de un ser sinsentido ni finalidad. Mientras que el presidente de México considera que la felicidad debe ser un mandato nacional, para Caraco la felicidad es un caso particular y aislado de una condición humana trágica, finita, desdichada y condenada a vagar entre el error y la errancia sin fin posible. La lucidez de Caraco para enfrentar y afrontar la desnudez sórdida de la existencia nos da una luminosa antorcha para abrir un claro en medio de la estupidez reinante, misma que a estas alturas, parece ser la única forma democrática verdaderamente compartida. Breviario del caos no es un libro para leerse en la quietud del sofá del jardín o en un hotel spa, sino que provee un arma afilada contra la desfachatez e imbecilidad crecientes, lo cual en estos tiempos que corren, no es poca cosa.

 

[1] Albert Caraco, Breviario del caos, Madrid, Sexto-Piso, 2006, p. 9.



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